En la escuela se han presentado casos de niños que rinden por debajo de la
media, a los que se han llamado “personas con dificultades de aprendizaje”. Sin
embargo, hay otros alumnos con
necesidades educativas especiales que a menudo son desatendidos por tener un rendimiento superior a la media. Son
personas que también se encuentran con problemas y que, al contrario de lo que
a veces se piensa por su alta capacidad, no
siempre pueden progresar por sí solos.
Por eso, es importante aportar al alumno nuevos estímulos que le motiven y
animen a seguir aprendiendo y le salven de la monotonía que lleva al problema
fundamental de los superdotados, el aburrimiento.
De la misma manera que cuando hablamos de
personas con deficiencias no podemos atribuirles a todos las mismas
características, las mismas necesidades, ni el mismo tipo de atención, definir
la “superdotación” tampoco resulta sencillo. Sin embargo, se puede afirmar que
las avanzadas técnicas de neuroimagen revelan diferencias cualitativas en su
organización cerebral. Algunos de estos trabajos muestran que el cerebro humano
dispone de áreas para el funcionamiento
intelectual de alto nivel y estas regiones están especialmente desarrolladas en los superdotados, que a menudo
muestran muchas de las siguientes características:
·
Gran
poder de observación,
·
gran
capacidad de lectura tanto para textos propios de su edad, como dirigidos a
niños mayores que ellos,
·
disfrutan
de actividades preferentemente intelectuales con gran capacidad de abstracción,
·
perciben
fácilmente la relación causa-efecto,
·
suelen
ser escépticos, críticos y tendentes a la evaluación, y
·
son
rápidos en detectar inconsistencias.
Los superdotados desarrollan una serie de habilidades que suelen ser
inusuales
para su edad, por lo que resulta obvio que tienen necesidades educativas que
tampoco se corresponden con esta. Si no desarrollan todo su potencial
intelectual se puede dar un sentimiento de frustración que desemboca en
fracaso escolar, y por eso mismo se han ideado diferentes programas educativos especiales
para ellos:
- La aceleración. A lo
largo de mucho tiempo, ha sido la forma más utilizada para responder a las
necesidades de niños superdotados. Se tata de colocar al alumno en un curso más
avanzado, teniendo en cuenta la edad
mental de este. Así el niño ganará tiempo al terminar sus estudios antes. En
España, la legislación establece que es posible la aceleración de dos cursos en la enseñanza
obligatoria; sin embargo, antes deberá tenerse en cuenta, no sólo las
capacidades cognitivas sino diferentes características psicológicas, así como
el ambiente social en el que el alumno va a permanecer.
Por
otro lado, pueden presentarse algunos problemas. El saltarse cursos, y por lo
tanto partes de asignaturas, puede provocar futuros problemas en el dominio de
una materia. Los estudiantes de menor edad no pueden competir con los mayores
en muchas áreas y, por eso, pueden sufrir presiones
sociales y emocionales
innecesarias. Además, los alumnos superdotados no presentan un avance de
conocimientos por igual en todas las asignaturas, por tanto, hay que averiguar
si realmente una aceleración en todas ellas es conveniente. En algunos casos
puede ser que el programa habitual de enseñanza sea suficientemente completo, y
sea la manera de impartirlo el problema.
- El aula de apoyo. Consiste
en recibir clases por parte de profesores especializados contratados por el colegio o la comunidad, que en conjunto con la
institución deciden el tipo de ayuda que se va a ofrecer a los alumnos
superdotados. Se trata de ampliar el horizonte del niño en diversas materias pero sin sustituir
los programas escolares. La principal ventaja de este sistema
es que los especialistas pueden
estimularles en el desarrollo de habilidades e intereses específicos y pueden
desarrollar procesos de aprendizaje precisos para sus necesidades particulares.
Además, los estudiantes son separados de sus clases habituales únicamente por
cortos períodos de tiempo.
En cuanto a los inconvenientes, es un programa caro que depende de la
existencia de especialistas y de la posibilidad de contratación por parte de la
escuela. Además, puesto que los estudiantes dejan sus clases para participar en
estos programas, a veces son considerados como privilegiados y eso puede
afectar negativamente a sus relaciones sociales. Cabe destacar que puesto que el
alumno tiene que hacer un doble trabajo,
es frecuente que no quiera asistir a los programas especiales.
- El aula habitual. La opción más habitual es mantener a los niños superdotados en sus clases normales con el resto de sus compañeros. Así la educación se produce entre un grupo heterogéneo, con diversidad de talentos y habilidades y sin tener en cuenta la superioridad o la inferioridad en las habilidades. El profesor habitual puede hacer adaptaciones y modificaciones del programa de enseñanza, ya que los procedimientos educativos para los superdotados siguen el mismo proceso estructural.
Por
contra los
profesores suelen estar sobrecargados de trabajo, a lo que se suma tener que modificar
los programas para estos alumnos. Además, los
profesores tienden a prestar más atención a los que tienen escasas capacidades
que a los que tienen muchas, y esto últimos están menos motivados a trabajar
entre iguales, y se conforman con estar
entre los primeros de la clase con el mínimo esfuerzo.
Por último, os pongo por aquí unos datos y frases dichas por niños
superdotados con las que me he topado mientras navegaba para investigar sobre
el tema. Me pareció que ilustraban bien algunas situaciones de la vida de un
superdotado.
- “Rodrigo, de ocho años, y Pelayo, de siete, dos pequeños superdotados de Madrid. Al año hablaban un perfecto castellano y jugaba (su madre) con ellos a decir palabras esdrújulas. "Nunca han tenido lengua de trapo, como la gran mayoría de los niños, y ni siquiera han dicho mal los participios de los verbos irregulares", afirma Marta, que es directora de un gabinete de orientación familiar.”
- “Con tres años y medio, Rodrigo se levantó una noche de la cama y le dijo a su madre: "Mamá, no puedo dormir. Es que mi cabeza no para de pensar".”
- “Tiene siete años y hace preguntas del tipo: "¿El transparente es un color?". Se sorprende por la disposición de las mesas "en calles", y pregunta por qué, en una columna, cuelga un cartel de "Avenida de la República". "¿Qué es república? ¿Por qué pone eso ahí? Además, esto no es una avenida", comenta Pelayo.”